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ISDEC Instituto Superior de Educación y Catequesis Juan Pablo II

ECOS del XXIV Encuentro de Catequesis

ECOS  DEL XXIV ENCUENTRO DE CATEQUESIS
“CON ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN, FORMACIÓN Y PARTICIPACIÓN NUESTRA
 VIDA Y MISIÓN SE HACEN MISERICORDIA

Con el lema: “Con espiritualidad de comunión, formación y participación nuestra vida y misión se hacen misericordia”, la Congregación Hijas de Nuestra Señora de las Misericordias, llevó a cabo  el XXIV encuentro de catequesis orientado por expertos catequetas que motivaron a los catequistas a servir con generosidad y a formase permanentemente. En el encuentro participaron aproximadamente 180 catequistas procedentes de:  Perú, Ecuador, Guatemala, Panamá y diferentes Diócesis y Arquidiocesis de Colombia entre ellas; Ibagué, Soacha, Soledad Atlántico, Pereira, Garzón, Líbano Honda, Cúcuta, Seminario Diocesano Santo Tomas de Aquino, con la participación de los seminaristas de 1° de Filosofía, las pre- novicias y novicias  de la Congragación hijas de Nuestra Señora de las Misericordias y obviamente la participación activa de la Diócesis Madre, Santa Rosa de Osos.

LA REVELACIÓN Y SU TRANSMISIÓN MEDIANTE LA EVANGELIZACIÓN
“Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en Cristo,… dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su designio benevolente, que en Él se propuso de antemano, para realizar en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por cabeza” (EF 1,3-10).


La Revelación del designio benevolente de Dios.
36. “Dios, creando y conservando el universo por su Palabra, ofrece a los hombres en la creación un testimonio perenne de sí mismo”. (DV 3) El hombre, que por su naturaleza y vocación es “capaz de dios”, cuando escucha el mensaje de las criaturas puede alcanzar la certeza de Dios como causa y fin de todo y que Él puede revelarse al hombre.

La Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II ha descrito la Revelación como el acto por el cual Dios se manifiesta personalmente a los hombres. Dios se muestra, en efecto, como quien quiere comunicarse a Sí mismo, haciendo a la persona humana participe de su naturaleza divina. (Cf 2 P 1,4; CEC 51-52) Es así como realiza su designio de amor.

“Quiso Dios, en su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad… para invitar a los hombres a la comunicación consigo y escribirlos en su compañía”. (DV 2).

37. Este designio benevolente (Cf Ef 1,9) del Padre, revelado plenamente en Jesucristo, se realiza con la fuerza del Espíritu Santo.

Lleva consigo:

  • - La revelación de Dios, de su “verdad íntima”, (DV 2) de su “secreto”, (EN 11) así como de la verdadera vocación y dignidad de la persona humana; (Cf GS 22ª).

  • - El ofrecimiento de la salvación a todos los hombres, como don de la gracias y de la misericordia de Dios, (Cf Ef 2,8; EN 27) que implica la liberación del mal, del pecado y de la muerte; (Cf EN 9).

  • - La definitiva llamada para reunir a todos los hijos de dispersos en la familia de Dios, realizando así entre los hombres la unión fraterna. (Cf Jn 11,52; AG 2b y 3ª).

La Revelación: hechos y palabras.


38. Dios, en su inmensidad, para revelarse a la persona humana, utiliza una pedagogía: (Cf DV 15; CT 58; ChL 61; CEC 53. 122; Cf S. IRENEO DE LYON, Adversus haereses III, 20 2; Sch 211, 389-393.; Véase en la Tercera Parte, cap. 1 del presente Directorio) se sirve de acontecimientos y palabras humanas para comunicar su designio; y lo hace progresivamente por etapas, (CEC 54-64) para mejor acercarse a los hombres. Dios, en efecto, obra de tal manera que los hombres llegan al conocimiento de su plan salvador mediante los acontecimientos de la historia de la salvación y las palabras definitivamente inspiradas que los acompañan y explican.

“Este plan de la Revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas, de forma que:

  • - Las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan;
  • A su vez, las palabras proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas”. (DV 2).

39. También la evangelización, que transmite al mundo la revelación, se realiza con obras y palabras. Es, a un tiempo, testimonio y anuncio, palabra y sacramento, enseñanza y compromiso.


La catequesis, por su parte, transmite los hechos y las palabras de la Revelación: debe proclamarlos y narrarlos y, al mismo tiempo, esclarecer los profundos misterios que contienen. Aún más, por ser la Revelación fuente de luz para la persona humana, la catequesis no sólo recuerda las maravillas de Dios hechas en el pasado, sino que a la luz de la misma Revelación, interpreta los signos de los tiempos y la vida de los hombres y mujeres, ya que en ellos se realiza el designio de Dios para la salvación del mundo. (Cf DCG /1971) 11b).


Jesucristo, mediador y plenitud de la Revelación


40. Dios se reveló progresivamente a los hombres, por medio de los profetas y de los acontecimientos salvíficos, hasta que culminó su revelación enviando a su propio Hijo: (Cf Heb 1,1-2).

“Jesucristo, con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa resurrección, y con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la revelación”. (DV 4).


Jesucristo no solo es el mayor de los profetas sino que es el Hijo eterno de Dios hecho hombre. El es, por tanto, el acontecimiento último hacia el que convergen todos los acontecimientos de la historia de la salvación (Cf Lc 24,27) El es, en efecto, “la Palabra única, perfecta y definitiva del Padre”. (CEC 65; S. Juan de la Cruz se expresa así: “Todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra” (Subida al Monte Carmelo 2,22); cf. Liturgia de las Horas, I, Oficio del lunes de la segunda semana de Adviento).


41. El ministerio de la Palabra debe destacar esta admirable característica, propia de la economía de la Revelación: el Hijo de Dios entra en la historia de los hombres, asume la vida y la muerte humanas y realiza la alianza nueva y definitiva entre Dios y los hombres. Es tarea propia de la catequesis mostrar quién es Jesucristo: su vida y sus misterios, y presentar la fe cristiana como seguimiento de su persona. (Cf CT 5; CEC 520 y 2053) Para ello, ha de apoyarse continuamente en los evangelios, que “son el corazón de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador”. (CEC 125, haciendo referencia a DV 18).

El hecho de que Jesucristo sea la plenitud de la Revelación es el fundamento del “cristocentrismo”  (CT 5. El tema del cristocentrismo se afronta, con más detalle, en: “Finalidad de la catequesis: la comunión con Jesucristo” 8Primera Parte, cap. 3) y “El cristocentrismo del mensaje evangélico” (Segunda Parte, Cap. 1)) de la catequesis: el misterio de Cristo, en el mensaje revelado no es un ejemplo más junto a otros, sino e centro a partir de del cual los restantes elementos se jerarquizan y se iluminan.

La transmisión de la Revelación por medio de la Iglesia, obra del Espíritu Santo.


42. La Revelación de Dios, culminada en Jesucristo, está destinada a toda la humanidad: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2,4).

En virtud de esta voluntad salvífica universal, Dios ha dispuesto que la Revelación se transmita a todos los pueblos, a todas las generaciones, y permaneciese íntegra para siempre (Cf DV 7).

43. para cumplir este designio divino, Jesucristo instituyó la Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles y, enviándoles de parte del Padre el Espíritu Santo, les mandó predicar el Evangelio por todo el mundo. Los Apóstoles, con palabras, obras y escritos, cumplieron fielmente este mandato. (Cf DV 7a).

Esta tradición apostólica se perpetúa en la Iglesia y por la Iglesia. Toda ella, pastores y fieles, velan por su conservación y transmisión. El Evangelio, en efecto, se conserva íntegro y vivo en la Iglesia.: los discípulos de Jesucristo lo contemplan y meditan sin cesar, lo viven en su experiencia diaria y lo anuncian en la misión. El Espíritu Santo fecunda constantemente la Iglesia en esta vivencia del Evangelio, la hace crecer continuamente en la inteligencia del mismo, y la impulsa y sostienen en la tarea de anunciarlo por todos los confines del mundo. (Cf DV 8 y CEC 75-79).

44. La conservación íntegra de la Revelación, Palabra de Dios contenida en la Tradición y en la Escritura, así como su continua transmisión, están garantizadas en su autenticidad. El Magisterio de la Iglesia, sostenido por el Espíritu Santo y dotado del “carisma de la verdad”, ejerce la función de “interpretar auténticamente la Palabra de Dios”. (DV 10b; cf CEC 85-87.

45. La Iglesia, “sacramento universal de salvación”, (LG 48; AG 1, GS 45; cf CEC774-776) movida por el Espíritu Santo, transmite la Revelación mediante la evangelización: anuncia la buena nueva del designio salvífico del Padre y, en los sacramentos, comunica los dones divinos.

A Dios que se revela se le debe la obediencia de la fe, por la cual el hombre se adhiere libremente al “Evangelio de la gracia de Dios” (Hch 20,24), con asentimiento pleno de la inteligencia y de la voluntad. Guiado por la fe, don del Espíritu, el hombre llega a contemplar y gustar del Dios del amor, que en Cristo ha revelado las riquezas de su gloria. (Cf Col 1, 26).

La evangelización (En la Constitución Dei Verbum (nn. 2-5) y en el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 50-175) se habla de la fe como respuesta a la Revelación. Por razones catequético-pastorales, el presente Directorio prefiere vincular la fe más a la evangelización que a la Revelación, a cuanto a que ésta última, de hecho, llega al hombre ordinariamente a través de la misión evangelizadora de la Iglesia).

46. La Iglesia “Existe para evangelizar”. (EN 14) esto es, para “llevar la Buena Nueva a todos los ambientes d ela humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad”. (EN 18).

El mandato misionero de Jesús comporta varios aspectos, íntimamente unidos entre sí: “anunciad” (Mc 16,15), (Haced discípulos y enseñad” (Cf Mt 28,19-20), “Sed mis testigos”, (Cf Hch 1,8) “bautizad”, (Cf Mt 28,19) “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19), “Amaos unos a otros” (Jn 15,12). Anuncio, testimonio, enseñanza, sacramentos, amor al prójimo, hacer discípulos: todos estos aspectos son vías y medios para la transmisión del único Evangelio y constituyen los elementos de la evangelización.


Algunos de estos elementos revisten una importancia tan grande que, a veces, se tiende a identificarlos con la acción evangelizadora. Sin embargo, “ninguna definición parcial y fragmentada refleja la realidad rica, compleja y dinámica que comporta la evangelización”. (EN 17) se corre el riesgo de empobrecerla e, incluso, de mutilarla. Al contrario, ella debe desplegar “toda su integridad” (EN 28) e incorporar sus intrínsecas bipolaridades: testimonio y anuncio, (Cf EN 22ª) palabra y sacramento, (Cf EN 47b) cambio interior y trasformación social. (Cf (EN 18) Los agentes de la evangelización han de saber operar con una “visión global” (EN 24d) de la misma e identificarla con el conjunto de la misión de la Iglesia (Cf EN 14).

El proceso de la evangelización


47. La Iglesia, aun conteniendo en sí permanentemente la plenitud de los medios de salvación, obra de modo gradual. (Cf AG 6b) El decreto conciliar Ad Gentes ha clarificado bien la dinámica del proceso evangelizador: testimonio cristiano, diálogo y presencia de la caridad (nn. 11-12), anuncio del Evangelio y llamado a la conversión (n. 13), catecumenado e iniciación cristiana (n. 14) formación de la comunidad cristiana, por medio de los sacramentos, con sus ministerios (nn. 15-18). (En el dinamismo de la evangelización hay que distinguir lo que son las “situaciones iniciales” (inita), los “desarrollos graduales” (gradus) y la situación de madurez: “a cada circunstancia o estado deben corresponder actividades apropiadas o medios adecuados” (SG 6)) Este es el dinamismo de la implantación y edificación de la Iglesia.

48. Según esto, hemos de concebir la evangelización como el proceso, por el que la Iglesia, movida por el Espíritu, anuncia y difunde el Evangelio en todo el mundo, de tal modo que ella:

- Impulsada por la caridad, impregna y transforma todo el orden temporal, asumiendo y renovando las culturas; (Cf EN 18-20 y RM 52-54; AG 11-12 y 22).
- Da testimonio (Cf EN 21 y 41; RM 42-43; AG 11) entre los pueblos de la nueva manera de ser y vivir que caracteriza a los cristianos.
- y proclama explícitamente el Evangelio, mediante el “primer anuncio”, (EN 51. 52. 53.; cf CT 18. 19. 21. 25; RM 44) llamando a la conversión. (Cf AG 13, EN 10 y 23; CT 19; RM 46).
- Inicia en la fe y vida cristiana, mediante la “catequesis” (EN 22; CT 18; cf AG 14 y RM 47) y los “sacramentos de iniciación” (AG 14; CEC 1212; cf CEC 1229.1233), a los que se convierten a Jesucristo, o a los que reemprenden el camino de su seguimiento, incorporando a unos y reconduciendo a otros a la comunidad cristiana. (Cf EN 23; CT 24; RM 48-49; AG 15).
- Alimenta constantemente el don de la comunión (Cf ChL 18) en los fieles mediante la educación permanente de la fe (homilía, otras formas del ministerio de la Palabra), los sacramentos y el ejercicio de la caridad.
- y suscita continuamente la misión, (Cf ChL 32) al enviar a todos los discípulos de Cristo a anunciar el Evangelio, con palabras y obras, por todo el mundo.

49. El proceso evangelizador, (Cf EN 24) por consiguiente, está estructurado en etapas o “momentos esenciales”: (CT 18) la acción misionera para los no creyentes y para los que viven en la indiferencia religiosa; la acción catequético-iniciatoria para los que optan por el Evangelio y para los que necesitan contemplar o reestructurar su iniciación; y la acción pastoral para los fieles cristianos ya maduros, en el seno de la comunidad cristiana. (Cf AG 6f; RM 33 y 48) Estos momentos, sin embargo, no son etapas cerradas: se reiteran siempre que sea necesario, ya que tratan de dar el alimento evangélico más adecuado al crecimiento espiritual de cada persona o de la misma comunidad.

Autor: Mons. Iván Giraldo
Sacerdote Arquidiocesis de Medellín
Antioquia -Colombia


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